Me caí de un cuento de hadas

Me caí de un cuento de hadas

Me caí de un cuento de hadas y me di la pera contra la mesa. Despertarse de una patada en la cabeza tiene sus consecuencias. Cuando el mundo cambia de perspectiva a la fuerza, se te impone un hachazo en el medio del estómago que no va a salir ni tan fácil, ni tan rápido, ni sin dejarte, por lo menos, un alma divida en dos. Nada es lo que parecía. La gente que te rodea se cambió la ropa. A veces ni siquiera te siguen rodeando. La metáfora de verle la cola al diablo no es una metáfora. Yo se la ví. Existe. Lo juro. La mentira existe. El desamor. El desamparo. La tristeza en soledad, golpeando dos veces la misma puerta. El abandono, la muerte, la desolación, la miseria humana, la falta de empatía, el interés afectivo, la codicia, la ambición desmedida. El mundo carajo, el mundo. Y todo eso duele. Claro que duele. El camino se complica. Los puñales duelen igual por la espalda que de frente. Da igual. Quien te lo clava no es menos impune por hacerlo mirándote a los ojos o mirándote la nuca. Que importa donde se ubicó para lastimarte, mientras lo haya hecho? No me quiero curar. Quiero caminar con la herida puesta. Simplemente porque no me quiero olvidar, jamás, del pedazo de golpe que me di.

Lorena Pronsky

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