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200 Frases de Julio Cortázar
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200 Frases de Julio Cortázar

  1. Algún día encontraremos lo que estamos buscando. O quizás no. Quizás encontremos algo mucho mejor. 
  2. De todos modos para vos no es novedad que el mundo y yo te queremos de veras, pero yo siempre un poquito más que el mundo.
  3. ¡Música! Melancólico alimento para los que vivimos de amor.
  4. Yo quiero proponerle a usted un abrazo, uno fuerte, duradero, hasta que todo nos duela. Al final será mejor que me duela el cuerpo por quererle, y no que me duela el alma por extrañarle
  5. ¿Cómo iba a saber que lo que parecía mentira era verdadero?
  6. ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?
  7. ¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones del orden y de desorden?
  8. ¿Qué clase de paseo va a ser éste si me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma, que se me va a meter el agua por el pescuezo y que los cafés olerán a humedad y casi seguro habrá una mosca en el vaso de vino?
  9. ¿Qué quieres? El amor pide calle, pide viento, no sabe morir en la soledad.
  10. El peor sentimiento del mundo es no saber si esperar un poco más o rendirse
  11. ¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos?
  12. (…) Absurdamente se aferró a la idea de que a las nueve y media se distribuirían los alimentos, habría que visitar a los enfermos, examinar la situación con Taunus y el campesino del Ariane; después sería la noche, sería Dauphine subiendo sigilosamente a su auto, las estrellas o las nubes, la vida. 
  13. Que el placer que juntos inventamos sea otro signo de libertad
  14. (…) Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.
  15. (…) Lo que me gusta es escribir y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana, escribir es eso, abrirles los postigos y que entren.
  16. (…) Los cronopios, en cambio, esos seres desordenados y tibios, dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos, y ellos andan por el medio y cuando pasa corriendo uno, lo acarician con suavidad y le dicen: No vayas a lastimarte, y también: Cuidado con los escalones.
  17. (…) No es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha.
  18. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.
  19. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mí un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.
  20. Porque, sin buscarte te ando encontrando por todos lados, especialmente cuando cierro los ojos.
  21. A veces llegaba un extranjero, alguien que se deslizaba entre los autos viniendo desde el otro lado de la pista o desde la filas exteriores de la derecha, y que traía alguna noticia probablemente falsa repetida de auto en auto a lo largo de calientes kilómetros. El extranjero saboreaba el éxito de sus novedades, los golpes de portezuelas cuando los pasajeros se precipitaban para comentar lo sucedido, pero al cabo de un rato se oía alguna bocina o el arranque de un motor, y el extranjero salía corriendo, se lo veía zigzaguear entre los autos para reintegrarse al suyo y no quedar expuesto a la justa cólera de los demás.
  22. A veces una es tan descuidada… Cree que lleva todo, y siempre olvida algo.
  23. A veces, deseaba que hubiese alguien que, como yo, no se ajustara perfectamente a su era, pero esa persona era difícil de encontrar. Luego encontré a los gatos, en los que veía un comportamiento parecido al mío, y los libros.
  24. Ahora es más difícil hablar de esto, está mezclado con otras historias que uno agrega a base de olvidos menores, de falsedades mínimas que tejen y tejen por detrás de los recuerdos…
  25. Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural.
  26. Tengo tu foto; no para acordarme de ti cuando la miro, sino para mirarla cuando me acuerdo de ti. 
  27. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.
  28. Al citar a los demás, nos citamos a nosotros mismos.
  29. Al llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta del centro el cronopio encuentra un gran contento.
    Alguien anda por ahí (1977)
  30. Amor mío, no te quiero por ti o por mí, no te quiero por los dos juntos. No te quiero porque la sangre me obligue a quererte. Te quiero porque no eres mía, porque estás en otra parte y me invitas a saltar pero no puedo hacerlo.
  31. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
  32. Antes de ir a dormir, imaginé un universo plástico, cambiante, lleno de oportunidades maravillosas, un cielo elástico, un sol que de repente desaparece o se queda fijo o cambia de forma.
  33. Apenas nos conocíamos y ya la vida estaba planeando separarnos.
  34. Basta con que cierre mis ojos para deshacer todo y luego volver a empezar.
  35. Buscás eso que llamas la armonía, pero la buscás justo ahí donde acabás de decir que no está, entre los amigos, la familia, en la ciudad…
  36. Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo, busco esa línea que hace temblar a un hombre en una galería de museo. Además te quiero, y hace tiempo y frío.
  37. Cada vez iré sintiendo menos y recordando más.
  38. Cada vez sospecho más que estar de acuerdo es la peor de las ilusiones.
  39. Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo.
  40. Como no sabías disimular me di cuenta enseguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos.
  41. Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero…
  42. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.
  43. Con qué tersa dulzura me levanta del lecho en que soñaba profundas plantaciones perfumadas.
  44. Lo que uno ama, siempre queda cerca
  45. Considero, sin dudar, a las mujeres el ser más bello, pues poseen la rebeldía… y eso es a lo que todo ser humano debe aspirar.
  46. Creo que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte como la mano izquierda enamorada de ese guante que vive en la derecha.
  47. Creo que no te quiero. Creo que sólo quiero la imposibilidad tan obvia que es quererte.
  48. Ya ves, y yo sigo pensando en ti, no te escribo, de pronto miro al cielo, esa nube pasa y tu quizás allá en el malecón mirarás una nube y esa es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia. 
  49. Es como el guante izquierdo que está enamorado de la mano derecha.
  50. Creo que todos tenemos un poco de esa bella locura que nos mantiene andando cuando todo alrededor es tan insanamente cuerdo.
  51. Cuando de mañana se lavan la cara, les acaricio las mejillas, les lamo la nariz y me voy, vagamente seguro de haber hecho bien.
  52. Cuando llovía, el agua me entraba hasta el alma.
  53. Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
  54. Estoy tan solo como este gato, y mucho más solo porque lo sé y él no.
  55. Cuando los zapatos aprietan, buena señal. Algo cambia ahí, algo que nos muestra, que sordamente nos pone, nos plantea. Por eso los monstruos son tan populares y los diarios se extasían con los terneros bicéfalos. ¡Qué oportunidades, qué esbozo de un gran salto hacia lo otro!
  56. Cuando me hayan devuelto mi casa y mi vida, entonces encontraré mi verdadero rostro.
  57. Cuando mis cronopios hicieron algunas de las suyas en Corrientes y Esmeralda, una eminente intelectual exclamó: ¡qué lástima, pensar que era un escritor tan serio!
  58. Cuando piense en ti, sólo será un pensamiento oscuro que trata de acordarse de ti. 
  59. Cuando se sale de la infancia, se olvida que para llegar al Cielo, sólo necesitas una piedrita y la punta de tu zapato.
  60. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito.
  61. Debo decir que confío plenamente en la casualidad que hizo que nos conociéramos. Nunca te olvidaré y si lo intento, estoy seguro de que no lo lograría.
  62. Déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos.
  63. Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad.
  64. Después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás.
  65. Detrás de este triste espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la esperanza de que me leas, de que no haya muerto del todo en tu memoria…
  66. El absurdo es que salgas por la mañana a la puerta y encuentres la botella de leche en el umbral y te quedes tan tranquilo porque ayer te pasó lo mismo y mañana te volverá a pasar.
  67. El ajedrez es un juego que me apasionó de joven, pero un buen día me empezó a tomar demasiado tiempo y entonces lo eliminé.
  68. El lunes una parte de la familia se fue a sus respectivos empleos y ocupaciones, ya que de algo hay que morir.
  69. El psicoanálisis muestra cómo la contemplación del cuerpo crea complejos tempranos.
  70. En algún lugar, debe haber un basurero en el que estén todas las explicaciones. Sólo queda una cosa inquietante: que algún día a alguien se le ocurra explicar el basurero también.
  71. En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay tan sólo temas bien o mal tratados.
  72. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento.
  73. En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.
  74. Eres como un testigo. Eres como quien va a un museo y ve las pinturas. Las pinturas están ahí y tú también lo estás, cerca y lejos al mismo tiempo. Yo soy una pintura. 
  75. Es difícil ser músico de hombres.
  76. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar…
  77. Estar vivo parece siempre el precio de algo.
  78. Fui una letra de tango para tu indiferente melodía.
  79. Había tanto tiempo perdido en vos, eras de tal manera el molde de lo que hubieras podido ser.
  80. Hacés mal en ilusionarte, yo estoy lejos de todo. Tan lejos que me da asco.
  81. Has visto, verdaderamente has visto, la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa. Has tocado, de verdad has tocado, el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amas. Has vivido, como un golpe en la frente, el instante, el jadeo, la caída, la fuga. Has sabido, con cada poro de la piel sabido, que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón, había que tirarlos, había que llorarlos, había que inventarlos otra vez.
  82. Hasta esa noche había sido tan feliz, claro que lo habían visto raro las últimas semanas; no raro, mejor distraído, mirando el aire como si viera cosas.
  83. Hasta lo inesperado acaba en costumbre cuando se ha aprendido a soportar.
  84. Hay ausencias que representan un verdadero triunfo.
  85. Si me ves por algunos de tus pensamientos, abrázame que te extraño.
  86. Hay horas en las que me atormenta el hecho de que me ames (con lo mucho que te gusta utilizar ese verbo, lo dejas caer sobre platos, sábanas y autobuses), me perturba tu amor porque no sirve de puente.
  87. Incapaz de luchar contra tanto pasado abrió los ojos y se enderezó.
  88. Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas. La mosca venía, empujaba un poco con la cabeza y, pop, ya estaba del otro lado. Alegría enormísima de la mosca. 
  89. La antigua fascinación perdura siempre.
  90. La cultura es el ejercicio profundo de la identidad.
  91. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.
  92. La explicación es un error bien vestido.
  93. La gente se cree amiga porque coincide algunas horas por semana en un sofá, una película, a veces una cama, o porque le toca hacer el mismo trabajo en la oficina.
  94. La historia es una increíble cantidad de manotazos por todos lados, algunos agarran la manija y otros se quedan con los dedos en el aire, pero cuando sumas el todo por ahí te da la revolución francesa o el Moncada.
  95. La isla lo invadía y lo gozaba con una tal intimidad que no era capaz de pensar o de elegir.
  96. La memoria es un espejo que miente de forma escandalosa.
  97. La realidad está ahí y nosotras en ella, entendiéndola a nuestra manera, pero en ella.
  98. La verdad que no me importa si no entiendo a las mujeres, lo único que vale la pena es que lo quieran a uno.
  99. La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos y que está ahí al alcance del salto que no damos.
  100. Las costumbres son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir.
  101. Las costumbres, André, son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir.
  102. Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.
  103. Las personas que planean citas son las mismas que necesitan papel rayado para poder escribir o que siempre sacan la pasta de dientes desde el fondo.
  104. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable…Comprendí que no podía matarlo.
  105. Lo que creíamos que era amor era quizás que yo estaba delante de ti con una flor amarilla en la mano, tú tenías dos velas verdes en la mano mientras que el tiempo soplaba en nuestras caras una lluvia que significaba renuncias.
  106. Lo que llamamos absurdo es nuestra ignorancia.
  107. Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.
  108. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.
  109. Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla.
  110. Los cronopios no tienen casi nunca hijos, pero si los tienen pierden la cabeza y ocurren cosas extraordinarias. Por ejemplo, un cronopio tiene un hijo, y en seguida lo invade la maravilla y está seguro de que su hijo es el pararrayos de la hermosura y que por su venas corre la química completa con aquí y allá islas llenas de bellas artes y poesía y urbanismo. Entonces este cronopio no puede ver a su hijo sin inclinarse profundamente ante él y decirle palabras de respetuoso homenaje.
  111. Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.
  112. Los que valemos algo aquí no estamos ya seguros de nada. Hay que ser un animal para tener convicciones.
  113. Me atormenta tu amor, que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado…
  114. Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma. 
  115. Me daba asco pensar así, una vez más estar pensando todo lo que a los otros les bastaba sentir.
  116. Me di cuenta de que buscar era mi símbolo, el emblema de aquellas personas que salen de noche con la mente en blanco.
  117. Me encanta verte y hacerte mío sólo con verte aunque sea de lejos. Me encantan cada uno de tus lunares y tu pecho es como el paraíso.
  118. Me miras, me miras de cerca, cada vez más cerca y luego nos volvemos cíclopes. Nos vemos más cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan.
  119. Mi conducta de lector, tanto en mi juventud como en la actualidad, es profundamente humilde. Es decir, te va a parecer quizá ingenuo y tonto, pero cuando yo abro un libro lo abro como puedo abrir un paquete de chocolate, o entrar en el cine, o llegar por primera vez a la cama de una mujer que deseo; es decir, es una sensación de esperanza, de felicidad anticipada, de que todo va a ser bello, de que todo va a ser hermoso.
  120. Mi interés se tornó bien pronto analítico. Cansado de maravillarme quise saber; he ahí el invariable y funesto fin de toda aventura.
  121. Mi madre fue muy imaginativa y con una cierta visión del mundo. No era una gente culta pero era incurablemente romántica y me inició en las novelas de viajes. (…) Mi madre leía mala literatura, no era culta pero su imaginación me abría otras puertas. Teníamos un juego: Mirar el cielo y buscar la forma de las nubes e inventar grandes historias. Esto ocurría en Banfield. Mis amigos no tenían esa suerte. No tenían madres que mirasen las nubes. 
  122. Mi maligna manera de entender el mundo me ayudaba a reírme por lo bajo.
  123. Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolarme decidí abstraer sus lágrimas, y por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida está llena de hermosuras así.
  124. Muchas personas piensan que amar es elegir a una mujer y luego casarse con ella. La eligen, he visto cómo lo hacen. Como si fuera posible elegir el amor.
  125. Nada era difícil una vez decidido, un tren nocturno, un primer barco, otro barco viejo y sucio, la escala en Rynos, la negociación interminable con el capitán de la falúa, la noche en el puente, pegado a las estrellas, el sabor de anís y del carnero, el amanecer entre las islas.
  126. Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
  127. No puede ser que nos separemos así, antes de habernos encontrado.
  128. Nada, realmente nada, pero sucede que nada más nada no da nada sino que a veces da un poquito de algo.
  129. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. 
  130. Ningún juego te hará olvidar: tu alma es una máquina fría, un lúcido registro.
  131. No creemos ya porque es absurdo. Es absurdo porque debemos creer.
    No eres el amor de mi vida, ni el amor de mis días, ni de mi momento.
  132. Sin embargo, yo te quise y te sigo queriendo, a pesar de que no estemos destinados a estar juntos.
  133. Qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, sola conmigo al borde de la noche, y que durabas, eras más que el tiempo.
  134. No es que haya que vivir, puesto que la vida nos es fatalmente dada…
  135. La vida se vive a sí misma, nos guste o no.
  136. No es que tengamos la obligación de vivir, ya que la vida nos fue dada.
  137. No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo.
  138. No me creas demasiado optimista; conozco a mi país, y a muchos otros que lo rodean. Pero hay signos, hay signos.
  139. No me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas más fenomenales de este circo, y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio.
  140. No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida.
  141. No puede ser que estemos aquí para no poder ser
  142. No podemos hablar de etapas sin presuponer una meta.
  143. No puedes escoger la lluvia que te va a mojar y hacer que tengas frío cuando salgas de un concierto.
  144. No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.
  145. No te voy a cansar con más poemas. Digamos que te dije nubes, tijeras, barriletes, lápices, y acaso alguna vez sonreíste.
  146. Nos parece que no se puede atribuir un apodo cualquiera a alguien que deberá absorberlo y sufrirlo como un atributo durante toda su vida.
  147. Se puede matar todo menos la nostalgia (…), la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña. 
  148. Nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared.
  149. Nunca he pensado en nada, solamente de golpe me doy cuenta de lo que he pensado, pero eso no tiene gracia, ¿verdad? , ¿Qué gracia va a tener darse cuenta de que uno ha pensado algo? Para el caso es lo mismo que si pensaras tú o cualquier otro. No soy yo, yo.
  150. Simplemente saco provecho de lo que pienso, pero siempre después, y eso es lo que no aguanto.
  151. Nunca renuncio a nada. Sólo hago lo que esté en mi alcance para que las cosas renuncien a mí.
  152. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
  153. Para qué volver sobre el hecho sabido de que cuanto más se parece un libro a una pipa de opio más satisfecho queda el chino que lo fuma, dispuesto a lo sumo a discutir la calidad del opio pero no sus efectos letárgicos.
  154. El amor no se elige, te elige..un día te das cuenta que no soportas vivir sin ella, que cuando estás con ella piensas que dentro de un rato ella se irá, y la besas con tanta pasión como si ese beso fuese a parar el tiempo o a darte más minutos con ella.
    El amor ya te escogió y tú tienes que dejarte llevar.
    luego se acaba y cuando pierdes el miedo vuelve a empezar…
  155. Parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas.
  156. Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre, en quien oscuramente ve la acumulación de desdichas que un día serán las suyas.
  157. Pero no hay que deducir de esto que nos va mal o que somos melancólicos.
  158. Pero qué es la memoria si no es el lenguaje del sentimiento, un diccionario de caras y días y olores que se repiten como verbos y adjetivos en un discurso. 
  159. Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
  160. Pobre amor el que de pensamiento se alimenta.
  161. Por eso no seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal, si no somos capaces de aceptar que sólo en la aritmética el dos nace del uno más el uno.
  162. Por razones obvias habré sido el primero en descubrir que este libro no solamente no parece lo que quiere sino que con frecuencia parece lo que no quiere, y así los propugnadores de la realidad en la literatura lo van a encontrar más bien fantástico mientras que los encaramados en la literatura de ficción deplorarán su deliberado contubernio con la historia de nuestros días.
  163. Posar el tigre tiene algo de total encuentro, de alineación frente a un absoluto; el equilibrio depende de tan poco y lo pagamos a un precio tan alto, que los breves instantes que siguen al posado y que deciden de su perfección nos arrebatan como de nosotros mismos, arrasan con la tigredad y la humanidad en un solo movimiento inmóvil que es vértigo, pausa y arribo.
  164. Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose. 
  165. Quizás piensen que eligen a una mujer porque la aman, pero yo creo que es al revés. No puedes escoger a Beatriz. No puedes escoger a Julieta.
  166. Regalos insignificantes como un beso en un momento inesperado o un papel escrito a las apuradas, pueden ser valorados más que una joya.
  167. Sabemos tantas cosas, que la aritmética es falsa, que uno más uno no siempre son uno sino dos o ninguno, nos sobra tiempo para hojear el álbum de agujeros, de ventanas cerradas, de cartas sin voz y sin perfume.
  168. Se sabe que las bicicletas han tratado por todos los medios de remediar su triste condición social. Pero en absolutamente todos los países de la tierra ‘está prohibido entrar con bicicletas’. Algunos agregan: ‘y perros’, lo cual duplica en las bicicletas y en los canes su complejo de inferioridad.
  169. Sentía una especie de ternura rencorosa. Era tan contradictorio que tenía que ser verdad. 
  170. Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino.
  171. Si nos mordemos, el dolor es dulce. Si nos ahogamos mientras nos absorbemos el aliento mutuamente, la muerte es instantánea y bella.
  172. Si te caes te levanto y si no me acuesto contigo.
  173. Siempre era tarde, siempre. Aunque hiciésemos el amor miles de veces, la felicidad debía ser algo más. Algo más triste que esta paz que teníamos y que este placer.
  174. Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.
  175. Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma.
  176. Soy yo, soy él. Somos, pero soy yo, primeramente soy yo, defenderé ser yo hasta que no pueda más. 
  177. Su obligación es mirar el palco imperial, hacer el saludo de siempre. Sabe que debe hacerlo y que verá a la mujer del procónsul y al procónsul, y que quizá la mujer le sonreirá como en los últimos juegos. No necesita pensar, no sabe casi pensar, pero el instinto le dice que esa arena es mala, el enorme ojo de bronce donde los rastrillos y las hojas de palma han dibujado sus curvos senderos ensombrecidos por algún rastro de las luchas precedentes. Esa noche ha soñado con un pez, ha soñado en un camino solitario entre columnas rotas; mientras se armaba, alguien ha murmurado que el procónsul no le pagará con monedas de oro.
  178. Te siento temblar contra mi cuerpo como una luna tiembla en el agua.
  179. Tendríamos que ser como Luis, no ya seguirlo, sino ser como él, dejar atrás inapelablemente el odio y la venganza, mirar al enemigo como lo mira Luis, con una implacable magnanimidad que tantas veces ha suscitado en mi memoria (pero esto, ¿Cómo decírselo a nadie?) una imagen de pantocrátor, un juez que empieza por ser el acusado y el testigo y que no juzga, que simplemente separa las tierras de las aguas para que al fin, alguna vez, nazca una patria de hombres en un amanecer tembloroso, a orillas de un tiempo más limpio.
  180. Toco tu boca. Con uno de mis dedos toco el borde de tu boca. La toco como si la estuviera dibujando con mi mano, como si fuera la primera vez que tu boca se entreabriera.
  181. Todas las distracciones abren ciertas puertas. Tienes que permitirte distraerte cuando no seas capaz de concentrarte.
  182. Todo es cadena, trampa; enderezándose con una violencia amenazante que el público aplaude mientras el reciario retrocede un paso por primera vez, Marco elige el único camino, la confusión y el sudor y el olor a sangre, la muerte frente a él que hay que aplastar; alguien lo piensa por él detrás de la máscara sonriente, alguien que lo ha deseado por sobre el cuerpo de un tracio agonizante. El veneno, se dice Irene, alguna vez encontraré el veneno, pero ahora acéptale la copa de vino, sé la más fuerte, espera tu hora.
  183. El amor no tiene que ver con lo que esperas conseguir, sólo con lo que esperas dar, es decir, todo
  184. Todo hay que volver a inventarlo, el amor no tiene por qué ser una excepción.
  185. Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo.
  186. Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo.
  187. Total parcial: te quiero. Total general: te amo.
  188. Tú crees que estás en el cuarto pero no lo estás. Tú estás viendo el cuarto. No estás en el cuarto.
  189. Un cronopio se recibe de médico y abre un consultorio en la calle Santiago del Estero. En seguida viene un enfermo y le cuenta cómo hay cosas que le duelen y cómo de noche no duerme y de día no come. -Compre un gran ramo de rosas -dice el cronopio. El enfermo se retira sorprendido, pero compra el ramo y se cura instantáneamente. Lleno de gratitud acude al cronopio, y además de pagarle le obsequia, fino testimonio, un hermoso ramo de rosas. Apenas se ha ido el cronopio cae enfermo, le duele por todos lados, de noche no duerme y de día no come.
  190. Un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil.
  191. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo.
  192. Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.
  193. Vení a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
  194. Voy a decir las palabras que se dicen, voy a comer las cosas que se comen y voy a soñar las cosas que se sueñan y sé perfectamente que no vas a estar ahí. No vas a estar, no serás ni un recuerdo.
  195. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
  196. Y las manos de rema que daban deseos de llorar y sentirlas eternamente contra su cabeza, en una caricia casi de muerte y de vainillas con crema, las dos mejores cosas de la vida.
  197. Lo único que podemos hacer es quedarnos un poco más y aguantar lo que venga.
  198. Y los gestos del amor, ese dulce museo, esa galería de figuras de humo. Consuélese tu vanidad: la mano de Antonio buscó lo que busca tu mano, y ni aquélla ni la tuya buscaban nada que ya no hubiera sido encontrado desde la eternidad. Pero las cosas invisibles necesitan encarnarse, las ideas caen a la tierra como palomas muertas.
  199. Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. 
  200. Y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.
  201. Ya están vestidos, ya se van por la calle. Y es sólo entonces cuando están muertos, cuando están vestidos, que la ciudad los recupera hipócrita y les impone los deberes cotidianos.
  202. Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.
  203. Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta enseguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos